Ha llegado de nuevo el desgarrador momento de lucha entre pasión y razón. A un lado, ella, destructiva y audaz. Al otro lado, ella, monstruosamente poderosa y afincada en lo más hondo, imbricada en los recuerdos ávidos. Fuego.
Siento que contradigo a mi destino pero, ¿acaso existe? Tal como si me estuviera negando a mí misma lo que me corresponde, lo que la vida hubiera preparado para mí. Una llama incesante parpadea sin dejarme continuar en paz. Siempre me mantengo alerta a unas señales que coinciden en una dirección: el país de la "libertad", del viento; el continente de las raíces y la esperanza. Desde que te conocí supe que siempre querría estar contigo, África.
| Atardecer en el Río Níger, Mali, Verano 2008. |
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